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Modest
Mouse (por Pablo Medina)
Una
banda con más de diez años de carrera en el circuito
musical de la costa Oeste de los Estados Unidos. Con un estilo
muy particular, este grupo ha ejercido silenciosamente una amplia
influencia en varias de las corrientes del rock de la escena
independiente de su país. |
Quizás
se haya escrito demasiado en torno a la supuesta responsabilidad
que los diversos ambientes culturales y geográficos de
la costa este y oeste de los Estados Unidos poseen en la proliferación
de las diferentes estéticas musicales de sus respectivas
bandas locales (el rock universitario de California, el nihilismo
y el indie rock psicológico de Seattle, el rock estilizado
y pendiente de la vanguardia europea de Nueva York y Boston,
etc). En el caso de Modest Mouse, una cosa es indudable: su
música es la descripción de un paisaje; un paisaje
a la vez extrañamente confortable y desolador.
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Los
acordes poco convencionales y hasta disonantes, junto con la
ética de "looser" de trailer-park (característicos
barrios ubicados al margen de los pueblos y las ciudades norteamericanas
donde las familias obreras agrupan sus casas remolque) que presentan
sus canciones nos pasean por la ruta en un auto desvencijado
desde un frío y pequeño pueblo de las afueras
del estado de Washinton, de donde son originarios los integrantes
de la banda, hasta la atestada pero solitaria Seattle, donde
alcanzaron reconocimiento. Si hasta con sólo conocer
el título de su primer producción discográfica
comienza a invadirnos esa sensación: This is a long
drive for someone with nothing to think about.
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Sabemos
que estamos ante una banda distinta y con una propuesta sólida
cuando la música que genera es inconfundible y nos basta
escuchar un pequeño fragmento de tema para reconocer
la marca de sus creadores. En este caso, su estilo es claramente
propio y coherente y hace un buen rato ya que el mismo ha logrado
diferenciarse por sobre la variada escena del indie rock estadounidense. |
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Si
bien quizás al oído poco acostumbrado pueda costarle
entrar en la estética a veces ruidosa y confusa de esta
banda (de la misma manera como hay que acostumbrar el oído
cuando uno comienza a adentrarse en un determinado estilo musical),
una vez allí, la misma se vuelve sin duda adictiva. Todos
sus discos tienen en común un cierto ambiente tenso que
mantiene a quien lo escucha en la constante expectativa, esa
tensión que dibuja la vida de quien siente que nació
en la derrota pero que a la vez se ve desbordado de una extraña
energía que parece surgir de lo mas oscuro de sus entrañas.
El resultado: canciones con gran energía entonadas por
un rostro de mirada austera, ceño fruncido y elevado
tono de voz que describe su entorno: |
"The
universe is shaped exactly like the earth if you go
Straight long enough you'll end up where you were.
Your heart felt good it was drippin pitch and made of wood.
And your hands and knees felt cold and wet on the grass to
me.
Outside naked, shiverin looking blue, from the cold
Sunlight that's reflected off the moon.
Baby cum angels fly around you reminding you we used
To be three and not just two.
And that's how the world began.
And that's how the world will end. "
Third
Planet, The Moon & Antartica
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Hoy
en día, con un contrato con la Sony y con varios años
por detrás, la imagen de la banda es algo distinta, cuidando
un poco más el armado de su música, con más
humor en las entrevistas y habiendo cambiado las remeras gastadas
y las camisas leñadoras por trajes informales o camisas
a la moda. Pero todo esto es circunstancial y trivial. Podría
decirse que su última producción discográfica,
Good news for people who loves bad news, es la más "radial"
de sus creaciones, con lo cual se hace recomendable para quienes
quieran introducirse con cautela en la propuesta de Modest Mouse.
La mayoría de los temas del LP presentan una estructura
mas asociada a lo convencional, con introducción y estribillos,
a diferencia de la estructura lineal y de progresiva tensión
en aumento en la cual los sonidos terminaban aunándose
para conformar una liberadora melodía que presentaban los
temas de sus anteriores álbumes. Aún así,
el adaptar su música a la tradicional forma de presentar
un álbum, con su corte más pegadizo (Float On) entre
los primeros cuatro temas, sus canciones con más fuerza
promediando el disco y la balada lenta (Blame it on the Teutons)
antes del cierre, sin duda no les ha quitado lo mejor que esta
banda tiene. En esta obra, su estilo permanece intacto y sus canciones
conservan esa tensión, fuerza y angustia mezcladas con
bellas melodías que emergen de entre los extraños
acordes, el frenético ritmo de la batería de Benjamín
Weikel y la seca, estridente y catártica voz de Isaac Brock.
De todas formas, para aquel que se anime a adentrarse, son incluso
más recomendables sus anteriores "Building nothing
out of something", "The moon and antarctica", y
"The lonesome crowded west". |
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